Encontrándote

Entonces uno se da cuenta que todo el tiempo que pasó fue una simple falsedad. O tal vez una simple preparación para todo lo que vendría, todo eso en lo que hay que morir para disfrutar cuando toque vivir.
Entonces todas esas noches de desvelo y compañías casuales se quedan atónitas ante la simple presencia de una persona. Todos esos besos que sobraban y salían a caminar sin rumbo ahora se concentran en un mismo lugar, y toda esa oscuridad que antes daba lugar a una falsa búsqueda de felicidad ahora queda obnubilada por el brillo de una sola mirada, por el sonido de una sola voz.
Entonces me doy cuenta que todo lo anterior no fue en vano, sino que estaba llevándome hasta vos. 

Contra mi mismo

Me golpeo. Me golpeo contra mi mismo, no existe forma de auto flagelo más dolorosa que esa: chocarme contra mi forma de ser, de estar y de parecer. Y aunque después de cada golpe prometo no volver a repetirlo, vuelvo a caer constantemente en el mismo lugar. Sin embargo no es esa la peor parte, sino que lo peor es lo que le sigue al golpe: la decepción. La decepción de actuar como actúo, de hacer lo que hago o de no hacer lo que debería hacer.
Tiene que existir una solución, no? O al menos algún indicio de que todo esto vaya a desaparecer y logre al fin curarme de mi mismo…curarme de mi mismo…que utópico suena, es como dormir en la misma cama con tu enemigo, un enemigo que, para colmo, me conoce mejor que nadie y conoce hasta las más ocultas de mis debilidades, pero que, al fin y al cabo, tendré que vencer. Si, creo que de esto se trata todo, de vencerme para arreglarme.

¿Reteniéndonos?

¿No será un tanto egoísta extrañarte? Siento que estoy queriendo adueñarme de una porción tuya, una porción imaginaria, que impide que vuelvas a ser de alguien más por completo. O tal vez vos fuiste egoísta, cuando me dejaste solo con esta parte imaginaria tuya…¿Te habrás llevado algo, aunque sea imaginario, de mi? ¿Será que vos también me estás reteniendo inconscientemente? Tal vez sea así, capaz esa sea la razón por la que aparecés y desaparecés de una manera intermitente y constante a la vez, de una manera casi estratégica, una manera que logra que me aferre cada vez más a esa parte ideal tuya.

Y es que en esos días nublados a veces cuesta ver salir el sol, cuando todo parece tirar para abajo y lo único que queda es alguna esperanza guardada en los bolsillos de un viejo pantalón, ahí es cuando tiene que aparecer tu “vos” más peleador. Ese que no se deja vencer nunca, que aunque se le cuelguen para hacerlo caer sigue de pie, arrastrando marca y llevándose la pelota hasta el otro arco. El que no se tira esperando que le cobren penal, sino que sigue para adelante contra todo pronóstico, porque muy en el fondo sabe que las mejores victorias se logran con esfuerzo, sin rendirse, sin tomar el rol de víctima, sino tomando el protagonismo, poniéndose la vida al hombro y llevándola por más pesada que parezca. Y ese “vos” peleador nunca se rinde, que quede claro. Porque tiene la torpeza arrogante de creer que puede lograr todo lo que se proponga.

Memorias de lluvia

Debo aceptar que, a diferencia de la mayoría de la gente, yo adoro la lluvia. Todavía no se bien por qué, pero me genera una especie de mezcla entre melancolía y nostalgia que logra llevar mi mente lejos, bien lejos…Bueno, para que mentir…poniéndome sincero creo que la razón real por la que disfruto de la lluvia no es porque lleve mi mente lejos, sino  porque la traslada hasta vos. O mejor dicho te trae a vos hacia mí, o más bien trae tu recuerdo, que es lo único que me queda tuyo.

Duda

Claro…¿Cómo no me di cuenta antes? Tardé cien canciones en entender que es lo que te hacía especial, cuál era esa especie de magia que tenía tu nombre que siempre que aparecía me dejaba tecleando. Lo irónico es que la respuesta es totalmente contraria a todo lo anterior. Fuiste especial justamente porque nunca “fuiste”. Tampoco “sos” y estoy casi seguro de que tampoco “serás”. Y esa es la combinación justa de tu esencia en mi, la idea de que en algún momento te tuve (no en el sentido de pertenencia de la palabra, sino en su sentido de presencia) y que no supe disfrutarte. No supe aprovechar las posibilidades para conocer aunque sea una cuarta parte de tu persona. Y es por eso que retumban en mi cabeza todos los pensamientos que no conocí de vos, todas las tonteras que nunca voy a poder odiar o todos los defectos que nunca voy a tener soportar. Tal vez si lo hubiera hecho hoy estaría odiándote, o tal vez queriéndote. Capaz querría escapar a 100 kilómetros de tu vista  o capaz querría mirarte todo el día. Pero no lo se, y es esa duda la que llena de una incertidumbre casi irresistible en mi cabeza  a tu persona. “Fuiste”, “sos” y “serás” especial para mi, a no ser que el destino quiera estrecharme la mano y logremos nuevamente “ser”.

Desenredado

Hoy no te tengo. A decir verdad nunca te tuve, nunca tuve siquiera una porción tuya, nunca tuve nada de vos. Y vos nunca tuviste nada de mi, nunca tuviste algo más que un simple reflejo de mi vista, o aquel esbozo de un corazón vacío que pedía a gritos la complicidad del tuyo. Pero nunca tuviste tampoco la intención de corresponder a ese grito, o mejor dicho nunca la tuvimos.
Quizás intentamos buscar amor en donde solo entraban algunas caricias, o quizás el amor confundió sus protagonistas esta vez. Probablemente si nos hubiéramos sometido al libreto de esta ficción, hoy este invento que ambos insistimos en negar como tal, estaría aún en pie. Pero sin embargo, si esta historia hubiese sido distinta, entonces no podría haber transformado en letras esto que no fuimos, y estas hojas seguirían en blanco esperando letras que recen en sus renglones. Es por esa razón que toda historia merece ser escrita, a veces con final abierto, y otras con punto final, dejando espacio a las que vendrán. Porque a final de cuentas tal vez no fuimos un error, tal vez, simplemente, decidimos reservarnos para otro corazón.

Recambio

Volar, soltar…guardar en el cajón todo recuerdo anterior, comenzar a escribir nuevamente. Volver a equivocarse, seguir aprendiendo. Dejar a un lado las dudas y también los lamentos, aceptar la realidad y ponerla a mi favor…Suena utópico. Incluso asusta, pero hay que estar convencido. Es hora de cambiar el “Dejar ser” por el “hacer” y retomar el camino, sabiendo que todo lo que pasó me trajo hasta acá y que todo lo que vendrá me llevará a donde yo quiera llegar.

Fuera del camino

A veces encuentro el infierno, lo encuentro en mi mismo, lo encuentro dentro mío, y me doy cuenta que siempre estuve mal, que siempre fui yo, que intentaba buscar respuestas tan lejos y no me percataba de que era yo la respuesta, la raíz del problema. Y, ahora que ya se donde está la respuesta, es hora de reformular las preguntas, de volverlas todas en mi contra. Antes intentaba arreglar algunas situaciones de la vida para que vayan de la mano conmigo, pero ahora necesito arreglarme a mi mismo…¿Cómo carajo hago ahora? Es fácil intentar arreglar algunas cosas, pero ¿Cómo proceder para arreglarse a uno mismo? Estoy jodido, jodidamente jodido…estoy perdido.