Duda

Claro…¿Cómo no me di cuenta antes? Tardé cien canciones en entender que es lo que te hacía especial, cuál era esa especie de magia que tenía tu nombre que siempre que aparecía me dejaba tecleando. Lo irónico es que la respuesta es totalmente contraria a todo lo anterior. Fuiste especial justamente porque nunca “fuiste”. Tampoco “sos” y estoy casi seguro de que tampoco “serás”. Y esa es la combinación justa de tu esencia en mi, la idea de que en algún momento te tuve (no en el sentido de pertenencia de la palabra, sino en su sentido de presencia) y que no supe disfrutarte. No supe aprovechar las posibilidades para conocer aunque sea una cuarta parte de tu persona. Y es por eso que retumban en mi cabeza todos los pensamientos que no conocí de vos, todas las tonteras que nunca voy a poder odiar o todos los defectos que nunca voy a tener soportar. Tal vez si lo hubiera hecho hoy estaría odiándote, o tal vez queriéndote. Capaz querría escapar a 100 kilómetros de tu vista  o capaz querría mirarte todo el día. Pero no lo se, y es esa duda la que llena de una incertidumbre casi irresistible en mi cabeza  a tu persona. “Fuiste”, “sos” y “serás” especial para mi, a no ser que el destino quiera estrecharme la mano y logremos nuevamente “ser”.

Desenredado

Hoy no te tengo. A decir verdad nunca te tuve, nunca tuve siquiera una porción tuya, nunca tuve nada de vos. Y vos nunca tuviste nada de mi, nunca tuviste algo más que un simple reflejo de mi vista, o aquel esbozo de un corazón vacío que pedía a gritos la complicidad del tuyo. Pero nunca tuviste tampoco la intención de corresponder a ese grito, o mejor dicho nunca la tuvimos.
Quizás intentamos buscar amor en donde solo entraban algunas caricias, o quizás el amor confundió sus protagonistas esta vez. Probablemente si nos hubiéramos sometido al libreto de esta ficción, hoy este invento que ambos insistimos en negar como tal, estaría aún en pie. Pero sin embargo, si esta historia hubiese sido distinta, entonces no podría haber transformado en letras esto que no fuimos, y estas hojas seguirían en blanco esperando letras que recen en sus renglones. Es por esa razón que toda historia merece ser escrita, a veces con final abierto, y otras con punto final, dejando espacio a las que vendrán. Porque a final de cuentas tal vez no fuimos un error, tal vez, simplemente, decidimos reservarnos para otro corazón.

Recambio

Volar, soltar…guardar en el cajón todo recuerdo anterior, comenzar a escribir nuevamente. Volver a equivocarse, seguir aprendiendo. Dejar a un lado las dudas y también los lamentos, aceptar la realidad y ponerla a mi favor…Suena utópico. Incluso asusta, pero hay que estar convencido. Es hora de cambiar el “Dejar ser” por el “hacer” y retomar el camino, sabiendo que todo lo que pasó me trajo hasta acá y que todo lo que vendrá me llevará a donde yo quiera llegar.

Fuera del camino

A veces encuentro el infierno, lo encuentro en mi mismo, lo encuentro dentro mío, y me doy cuenta que siempre estuve mal, que siempre fui yo, que intentaba buscar respuestas tan lejos y no me percataba de que era yo la respuesta, la raíz del problema. Y, ahora que ya se donde está la respuesta, es hora de reformular las preguntas, de volverlas todas en mi contra. Antes intentaba arreglar algunas situaciones de la vida para que vayan de la mano conmigo, pero ahora necesito arreglarme a mi mismo…¿Cómo carajo hago ahora? Es fácil intentar arreglar algunas cosas, pero ¿Cómo proceder para arreglarse a uno mismo? Estoy jodido, jodidamente jodido…estoy perdido.

Take me back to the start

¿No te das cuenta que estamos atados? Estamos en un juego en el que simulamos no necesitarnos, no extrañarnos y no pensarnos…y los dos perdemos. Estoy cansado de tenerte en mi cabeza y recurrir a borracheras para materializarte. Estoy cansado de no poder verte en frente mío, sonriéndo y mirándome. ¿Por qué tengo que subir el volumen de la música para poder escucharte? ¿Por qué tengo que cerrar mis malditos ojos para poder verte?
Estamos tan cerca y a la vez tan lejos que me perdí en la mitad del camino, solo te pido un grito, o al menos un susurro, y así podré encontrar el camino de regreso.